Si pensamos en la historia de una ciudad como Cádiz y la unimos a una gran colección de arte, un inversor de buen ojo y un maestro de la pintura, el éxito está asegurado. Aquí es cuando nos topamos con la colección de Sebastián Martínez y los tesoros y secretos que en ella había. La colección de Sebastián le sobrevivió y viajó en el tiempo. Veamos.

Refinado, cosmopolita y moderno

Sebastián Martínez fue un hombre especial. Y es que fue el mayor coleccionista de arte en España a finales del siglo XVIII. De gusto refinado y que supo considerar el arte como un valor esencial. Nació en La Rioja pero una parte muy importante de su vida le unió irremediablemente con Cádiz. Con once años viajó a Sevilla, donde vivió tres años hasta que se afincó de manera definitiva en Cádiz en 1761.

Fue años después, en 1771, cuando consiguió entrar en la Universidad de Cargadores y a partir de ahí quedó patente su buena capacidad como comerciante y navegante por los reinos de las Indias. El sector de los tejidos fue el primero con el que comenzó su andadura. Ya en 1775 se casó con una gaditana, Felipa Errecarte que falleció seis años después pero le dejó importantes bienes. Así se consolidaba su posición económica en la sociedad de Cádiz.

Es más es estos años del siglo XVIII mantenía abundantes relaciones comerciales con Inglaterra. En esa línea fundó la sociedad de vinos de Jerez de Martínez y Cía. Comenzó la exportación de vinos andaluces al Reino Unido desde sus bodegas de Jerez y Sanlúcar.

Colección artística y bibliográfica

Un tesoro que no muchos conocen. En 1791 reunía ya trescientos cincuenta cuadros que abarcaban todos los géneros, épocas y países y antes de acabar el siglo su número se elevaba a setecientos cuarenta y tres 743, convirtiéndose en la colección privada más importante de Europa. Entre los nombres más relevantes que contenían sus fondos destacan Tiziano, Leonardo da Vinci, Velázquez, Murillo, Cano, Guido Reni, Esteban Jordán, Ostade, Batoni, Morales, Maella, Julio Romano o Goya. Y es que en ese bello palacio de Cádiz, la Santa Rufina de Velázquez dialogaba con obras de Ribera, Rubens, Zurbarán o Mengs. La calidad de lo expuesto en la casa era único.

También es sumamente importante su colección de varios miles de estampas. Pero no solo eso, esculturas, dibujos, instrumentos musicales, muebles, plata labrada y máquinas de precisión fueron algunas de sus adquisiciones más variadas. Y otro tesoro, su biblioteca que reúne más de mil volúmenes de todo tipo de disciplinas. Desde arte y letras a filosofía, literatura clásica, historia, viajes pasando por ciencias, con obras de medicina, física, química, matemáticas o economía.

No es extraño relacionar a Sebastián Martínez con el círculo de gaditanos ilustrados de la época. En concreto con nombres como el de Gaspar de Molina y Zaldívar, Marqués de Ureña. Fue el marqués quien intercede por Sebastián ante la Academia de San Fernando, por ejemplo.

Vicente López Portaña. Museo Nacional del Prado

Su especial amistad con Goya

Pues todo empezó con su traslado a Madrid en 1791, cuando fue nombrado tesorero mayor del reino. Allí comenzó una amistad única con el pintor. Y en esos años, en concreto en enero de 1793, el maestro aragonés enfermo viajó a Cádiz para recuperarse junto a su amigo. Así durante seis meses Martínez cuidó de Goya con dedicación. La enfermedad del pintor desembocó en una sordera que marcaría tanto su carácter como su obra. Después pintaría sus famosos Caprichos (tres de ellos los pintó para Martínez: El sueño, Las comadres y La siesta, que se encuentran en Dublín (National Gallery), en Hartford (Estados Unidos) y en una colección privada madrileña), Tauromaquias y Pinturas negras.

Además durante estos meses, el maestro pudo disfrutar muy de cerca de la gran colección que Martínez atesoraba. Sobre todo de aquellas escenas de género de los mejores artistas flamencos además del conjunto de cerca de mil quinientas estampas y grabados originales tachados de indecentes por la Inquisición, pero que para Goya fueron una fuente pura de inspiración. De sus viajes a Inglaterra, Martínez trajo a Cádiz ilustraciones y reproducciones de las obras de Sir Joshua Reynolds, George Rommey, Thomas Gainsborough, William Hogarth o William Blake. Ejemplos que no pasaron desapercibidos para el pintor.

El retrato más famoso que conservamos de Martínez es, sin duda, obra de su buen amigo. Lo remataba esta dedicatoria en el lienzo: «A Don Sebastián Martínez por su amigo Goya. 1792».

Leonardo da Vinci, Salvator Mundi,

¿Estaba en su colección la obra más cara del mundo?

Entre el catálogo de obras que el ilustrado llegó a poseer y que, tras su muerte, se dispersaron por todo el mundo podría haber una sorpresa más. Ese palacio escondía más sorpresas. Se trata del Salvator Mundi. Obra que ostenta el título de ser el cuadro más caro de la historia. Fue subastado por 450 millones de dólares, unos 380 millones de euros, en el año 2017, y está atribuido a Leonardo da Vinci o a su taller. Esa es la teoría de la profesora de Historia Moderna de la Universidad de Cádiz, Guadalupe Carrasco, que ha investigado la colección del empresario.

Según el historiador y experto en arte Antonio Ponz en su obra Viage de España (1772 y 1794) y Nicolás de la Cruz y Bahamonde, conde de Maule hacen referencia a cientos de obras que la casa de Martínez albergaba, y entre los que se encuentra “un Salvador” de Leonardo da Vinci. Quizá era este. Además en el testamento de Martínez, efectivo en Cádiz en 1802 a favor de sus hijas, Josefa y Catalina, hay una referencia a un “Salvador de media figura del tamaño natural valorado en 1.500 reales”. Así lo expresa el documento conservado en el Archivo Provincial. Puede que este Salvador Mundi estuviera en Cádiz.

Quizá fueron meras coincidencias pero, sin duda, las paredes de ese palacio ilustrado, esconden auténticas joyas.

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