Cuando se van los Reyes, llegan las coplas

Enero siempre fue un mes de cuesta arriba. Frío, rutina y despedidas. Se van las luces, se recogen los adornos y parece que la magia se queda guardada en una caja hasta nuevo aviso. Pero este año no. Este año, justo después de que los Reyes pasen por Cádiz, el Carnaval levanta la mano y dice: aquí estoy yo.

El 11 de enero comienza el COAC, y con él, algo se despierta en la ciudad. Porque en Cádiz el Carnaval no entiende de calendarios estrictos ni de meses concretos. El Carnaval es un estado de ánimo. Y cuando empiezan a sonar las primeras coplas en el Falla, enero deja de ser enero para convertirse en promesa.

Mientras aún quedan restos de roscón y juguetes nuevos en las casas, las gargantas se afinan, los nervios se colocan en su sitio y el teatro vuelve a ser refugio. El COAC es ese lugar donde Cádiz se mira a sí misma, se ríe, se critica, se abraza y se cura. Donde las letras dicen lo que a veces no sabemos cómo explicar.

Para mí, que el Carnaval empiece tan pronto es un regalo. Es alargar la ilusión, es no dejar que la realidad nos caiga de golpe encima. Es pasar del “¿y ahora qué?” al “ya está aquí”. Porque el Carnaval tiene eso: te rescata. Te recuerda que la vida también se canta, que la pena se convierte en copla y que reír, en Cádiz, es casi un acto de resistencia.

El COAC no es solo un concurso. Es una terapia colectiva. Es emoción compartida, es piel de gallina, es una lágrima que se escapa sin permiso y una carcajada que suena a libertad. Es volver a sentir que perteneces a algo más grande, a una ciudad que late al compás de un tres por cuatro.

Así que bendito enero, si viene con coplas. Benditos Reyes, si nos traen Carnaval de regalo. Que el frío no pueda con las ganas y que el año empiece cantando. Porque cuando Cádiz canta, todo duele menos… y la vida, aunque sea por un rato, se siente un poco más ligera.

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