Foto: LALIGA
El Cádiz abrió una nueva etapa durante el último mercado de fichajes. La llegada de 17 futbolistas transformó una plantilla que necesitaba cambios después de una temporada marcada por los malos resultados y el temor al descenso a Primera Federación. Sin embargo, aquella revolución también dejó despedidas de jugadores que habían formado parte del paisaje habitual del club durante años.
Iza Carcelén, Álex Fernández y Brian Ocampo cerraron sus respectivas etapas en la Tacita de Plata. Sus salidas se sumaron a las de otros futbolistas que, en distintos momentos, habían sostenido el peso del vestuario. El Cádiz buscaba refrescar el grupo y comenzar a dejar atrás una dinámica que había desgastado al equipo y a su afición.
Entre tantas incorporaciones y despedidas permanece un nombre que conecta el presente con uno de los mejores recuerdos recientes del cadismo: David Gil. El guardameta es el último superviviente de aquel Cádiz de Álvaro Cervera que consiguió el ascenso a Primera División en 2020.
A sus 32 años, el capitán vive su décima temporada en la entidad, contando su primer curso en el filial. Una continuidad que adquiere un significado especial en un vestuario donde casi todo ha cambiado.
Una década de trabajo y paciencia
David Gil aterrizó en el Cádiz en la temporada 2017-18 procedente del Getafe B. Su primera campaña transcurrió en el filial cadista, antes de incorporarse al primer equipo en 2018. Desde entonces, su trayectoria ha estado marcada por un papel que exige tanta preparación como paciencia: trabajar cada día sin tener garantizada una oportunidad el fin de semana.
Durante buena parte de estos años ocupó habitualmente el puesto de segundo portero. Aun así, mantuvo su compromiso y se preparó para responder cuando llegara su turno. Esa constancia lo ha convertido en un ejemplo de profesionalidad dentro del club.
En la temporada del ascenso compartió portería con Alberto Cifuentes, uno de los grandes referentes de aquel equipo. Después, el regreso a Primera trajo la llegada de Conan Ledesma, con quien convivió durante los años del Cádiz en la máxima categoría.
Gil conoció así la competencia con dos guardametas que dejaron una huella importante en la historia reciente de la entidad. Su recorrido continuó desde un segundo plano, con menos minutos, pero con la obligación de estar preparado para cualquier circunstancia.
El escenario cambió en la campaña 2024-25, la de su mayor protagonismo con el primer equipo. Disputó 36 encuentros y disfrutó de una continuidad que no había tenido en temporadas anteriores. Sin embargo, el fútbol volvió a modificar su situación poco después.
La irrupción de Víctor Aznar redujo su participación durante el pasado curso, en el que jugó diez partidos. Tras una temporada con un papel principal, tuvo que adaptarse de nuevo a una portería donde las oportunidades se repartían de otra manera.
Una nueva competencia y una oportunidad en Tenerife
Este verano, la renovación de la plantilla también alcanzó la portería. El Cádiz incorporó a Jokin Ezkieta, procedente del Racing de Santander, y David Gil encontró un nuevo competidor por el puesto.
Albert Celades apostó por Ezkieta durante las primeras jornadas. El capitán volvió a comenzar desde la espera, una situación que conoce bien después de tantos años en el club. Sin embargo, la visita al Tenerife cambió el reparto de papeles.
La titularidad de David Gil en el Heliodoro Rodríguez López fue una de las sorpresas de la alineación. Celades le entregó la portería por primera vez esta temporada y el guardameta regresó al once en un partido especialmente significativo por la presencia de Álvaro Cervera en el banquillo rival.
El técnico con el que vivió el ascenso estaba enfrente. Gil, mientras tanto, defendía la portería de un Cádiz muy distinto al de entonces, inmerso en la búsqueda de resultados y de una identidad después de su profunda reconstrucción.
Su regreso al equipo inicial puso de nuevo en primer plano a un futbolista cuya importancia dentro del vestuario va más allá de los minutos. Es el capitán y el jugador que mejor puede explicar a los recién llegados lo que el club vivió durante aquella etapa.
Ya no están José Mari, Fali, Iza Carcelén, Álex Fernández, Rubén Sobrino o Iván Alejo. Tampoco Brian Ocampo, que llegó después del ascenso, pero terminó formando parte de ese grupo de futbolistas reconocibles para la afición durante varias temporadas.
David Gil permanece. Ha visto cambiar a sus compañeros, a los entrenadores y a la propia entidad. Ha vivido el ascenso, los años en Primera, el descenso y las dificultades posteriores. Ahora le corresponde ejercer de referente en una plantilla renovada.
En un Cádiz que intenta construir su futuro, su capitán conserva la memoria de lo que fue. David Gil es el último superviviente de aquel Cádiz de Cervera. El último vínculo en el vestuario con el Cádiz que nos hizo felices.



Más historias
Celades revela las dificultades iniciales de Moueffek para aguantar los entrenamientos
El Cádiz abre la última fase de su ampliación de capital con más de medio millón de acciones pendientes
El Sporting pierde una de sus principales amenazas antes de visitar al Cádiz