“La música no es sólo el arte más joven, sino tal vez el único cuyo ejercicio, si ha de ser eficaz, exige una completa juventud de espíritu”. Manuel de Falla.

El compositor español más universal. Una de las figuras musicales más destacada de todo el siglo XX español. Creador exquisito y original. De perfeccionismo exasperante, un hombre que ha marcado la historia cultural de España y que dejó su sello en cada una de las ciudades en las que vivió, creció y creó. En este caso Cádiz, Madrid o Granada son un claro ejemplo de ello.

A pesar de la fama mundial del maestro, su relación clave con Cádiz, en concreto, puede que no sea tan conocida. Pero fue la ciudad que le vio nacer y que marcó su trayectoria inicial y carácter. Y es que Manuel María de los Dolores Falla y Matheu nació el 23 de noviembre de 1876 en esta tierra y fue bautizado días después en la gaditana Plaza de la Mina. Ahí empezaba un camino lleno de éxitos.

Recibió sus primeras clases de solfeo con su madre María Jesús Matheu y Zabala como profesora, que era intérprete de piano y una mujer instruida, adelantada a su tiempo, sin duda. También su abuelo ayudó a fomentar su justo por la cultura musical. Y es que vivió sus primeros años rodeado de acordes y melodías. Hasta su niñera apodada «La morilla» fue la que llenó su infancia de tonás y soleás.

Años después y también en la ciudad de Cádiz, pasó a especializarse con la profesora Eloísa Galluzo. Con el célebre Alejandro Odero continúo sus estudios y siguió su camino con Enrique Broca.

En concreto, Falla siempre defendió la importancia del folclore popular español, como el flamenco y fusionado con la vanguardia europea, logró una gran presencia internacional. Pero aportó mucho más.

Una particular disposición por las artes y las letras

La música fue siempre su vocación pero en su adolescencia la literatura y el periodismo fueron expresión de sus pensamientos y su arte. En Cádiz, en 1889 crea con algunos de sus amigos la revista literaria El Burlón y un año después, El Cascabel, donde trabajará como colaborador y más tarde como «director».

Como curiosidad, hace unos años, en 2017, tuvimos la posibilidad de conocer algo más sobre esta vocación. Ese año salió a la luz un manuscrito de Manuel de Falla propiedad de la familia gaditana Juliá, en la que el compositor se entrevista a si mismo con 18 años. Tenía relación con la revista Dinamita, una publicación manuscrita que se emitió en Cádiz, entre los años 1893 y 1896, y en la que el maestro trabajó.

En el Archivo Manuel de Falla de Granada no hay referencias de esta hasta entonces inédita publicación. Si se conservan partituras y manuscritos musicales, documentación personal y otros textos, correspondencia (más de 23.000 cartas), fotografías, programas de conciertos, recortes de prensa y los 4.500 libros y revistas de su biblioteca que constituyen el grueso de este importante archivo con sede en Granada.

En 1896 se marchó a Madrid al Real Conservatorio de Música y Declamación. Aquí compuso obras de juventud como Nocturno de piano, Romanza de violenchelo o Serenata andaluza para violín y piano. Tras su estancia madrileña, en 1907 se estableció en París durante siete años. Allí conoció, entre otras, a figuras como Ravel, Albéniz y Debussy, que influirían notablemente en su música.

De regreso en Madrid en 1914 comenzó crear de forma más activa. De entonces son obras como El amor brujo (primera versión), con Pastora Imperio como protagonista principal, Noche de los jardines de España y El corregidor y la molinera que después se convertiría en El sombrero de tres picos.

Granada, otra identidad

En estos años comienzan sus viajes por Europa y surgen sus mágicas composiciones. En Granada vivió 17 años, de 1922 a 1936 y allí compuso su obra maestra «El amor brujo» y se casó con Cristina Aranjuez. Formaba parte del círculo de las personalidades granadinas más importantes del momento y entre sus amigos se encontraban nombres como García Lorca (junto a él, en 1922 organizó el Festival de Cante Jondo) o Fernando de los Ríos. Pablo Picasso fue el que creó los bocetos y figurines para «El Sombrero de Tres Picos».

Falla llamaba a Granada «mi pequeño París» y en esta ciudad aprendió a desarrollar una particular pasión por lo que el flamenco supone y el cante hondo.

Durante esos años, en 1924 fue nombrado Académico de Honor de la Real Academia Hispanoamericana y el 28 de diciembre de 1926 el entonces Alcalde de Cádiz, Agustín Blázquez, le impuso el galardón de Hijo Predilecto, figurando su nombre en la galería de gaditanos ilustres de la sala capitular. Ese mismo año dará su nombre al Gran Teatro. También entonces estuvo en el islote de Santi Petri. Este fue fuente de inspiración para su obra inacabada La Atlántida. También, en 1942 el Conservatorio de Música pasó a denominarse Manuel de Falla.

Descontento con la situación política de entonces, decidió exiliarse voluntariamente a Argentina, donde murió en 1946.

Fue una noticia terrible para su Cádiz. El Ayuntamiento de la ciudad solicita a los Ministros de Exteriores y Gobernación que el cadáver sea trasladado aquí. Manuel de Falla muere ese noviembre y tras ser embalsamado, el 22 de diciembre sus restos ponen rumbo a España en el minador Marte llegando al muelle de Cádiz el 9 de enero de 1947. Fue sepultado en la Cripta de a Catedral de Cádiz con autorización de Pío XII.

Noviembre, un mes de conmemoración

Cádiz y Granada siguen actualizando su memoria. Y es que este mes de noviembre marcó el inició y el final de la vida del maestro y no podemos dejarlo pasar. El próximo 14 de noviembre se celebra el 75 aniversario de su fallecimiento.

Además los Encuentros Falla conmemorarán el 30 aniversario del Archivo Manuel de Falla. Entre los próximos 5 y 28 de noviembre, un total de 11 conciertos y exposiciones se repartirán por Granada y Cádiz, las dos patrias chicas del maestro, bajo el nombre de ‘Diálogos’.

En Cádiz tendrán lugar dos conciertos los días 21 y 23 de noviembre, el primero con una versión muy especial de ‘Atlántida’ semiescenificada, y el segundo recordando el encuentro entre Pauline Viardot, Chopin y Falla.

Tres exposiciones sirven de hilo conductor a los Encuentros: ‘Cádiz en Manuel de falla. Una vida atlántica’ en la ciudad natal del músico, ‘Su casita azul y blanca’ en el Auditorio y ‘Manuel de Falla en París’ en el Palacio del Almirante.

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