Ni la tormenta que obligó a suspender o retrasar algunas actuaciones fue capaz de impedir el éxito de Noche Blanca, la gran cita del verano tras dos años de suspensión por pandemia. Calles, bares, y terrazas llenos marcaron la noche isleña.

Se vieron largas colas en los talleres, como el de maquillaje brilli-brilli que se situó en la puerta del Centro de Congresos. Éxito también del taller de neón en la Alameda.

También se completaron las plazas disponibles para las visitas teatralizadas al Ayuntamiento, el castillo de San Romualdo o el Molino de Zaporito. Tampoco se quedaron libres las visitas al Observatorio o al Museo Naval ni los talleres en el Jarín Botánico.

Éxito total para una noche que el consistorio isleño aprovecha para exhibir su patrimonio y su pontencial comercial y hostelero. Y, como siempre, respuesta positiva de la ciudadanía que se entregó y disfrutó una vez más a las actividades preparadas para completar la agenda del verano.