El mundo ecuestre y taurino andaluz está de luto tras el fallecimiento de Álvaro Domecq Romero, a los 85 años, en la madrugada de este martes. Considerado el “último don del toreo a caballo”, Domecq deja un legado imborrable como rejoneador, ganadero, empresario y visionario del arte ecuestre, que elevó el prestigio del caballo pura raza española a nivel internacional. Su muerte, ocurrida apenas horas después de la de Ana María Bohórquez Escribano, ha sumido a Jerez en un duelo doble por la pérdida de dos pilares del sector hípico.
Nacido el 8 de abril de 1940 en Jerez, Domecq era hijo del legendario rejoneador Álvaro Domecq Díez, figura de referencia en su formación. Desde niño mostró pasión por el mundo del caballo: a los 11 años ya participaba en faenas de acoso y derribo. Su bautizo taurino llegó en 1952, en un festival benéfico en Tarifa organizado por su tío Juan Pedro Domecq. Debutó con novillos en 1959 en Ronda y tomó la alternativa en 1960 en El Puerto de Santa María, apadrinado por maestros como Luis Miguel Dominguín, Diego Puerta y Paco Camino. Su carrera acumuló triunfos en las plazas más emblemáticas, culminando en una emotiva despedida en 1985 en Jerez, donde cortó cinco orejas y salió a hombros junto a su padre y otras luminarias como Ángel y Rafael Peralta, Manuel Vidrié, Leonardo Hernández y Fermín Bohórquez.
Una carrera premiada con el reconocimiento de Hijo Predilecto
Su huella va más allá del ruedo. Como fundador de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, creó el icónico espectáculo “Cómo bailan los caballos andalusíes”, que fusiona tradición y arte para mostrar la gracia del caballo español en escenarios globales. Aunque su relación con la institución se tensó en 1996, regresó en 2019 como director técnico honorífico, reafirmando su compromiso. En la ganadería, regentaba el hierro Torrestrella, símbolo de bravura y pureza. Como empresario, adquirió en 1998 las bodegas de Pilar Aranda, fundando Bodegas Álvaro Domecq, cuyas marcas se exportan a 85 países, combinando su herencia vinícola jerezana con visión moderna.
Sus logros fueron reconocidos con distinciones como la Medalla de Andalucía en 2024, el premio Caballo de Oro de Jerez y el título de Hijo Predilecto de la ciudad. “Jerez ha perdido en tan sólo unas horas a dos pilares importantes del mundo del caballo”, lamentó el entorno cercano, destacando el “enorme vacío” entre aficionados, ganaderos y el personal de la Real Escuela. Las exequias se celebraron este miércoles 19 de noviembre en la Catedral de Jerez, donde cientos rindieron homenaje a una vida dedicada a la excelencia ecuestre.


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