La Sala Virtual de la Fundación Provincial de Cultura de la Diputación de Cádiz continúa creciendo. Nuevos creadores y expresiones artísticas diferentes forman parte de su completa oferta. Y ahora es el turno de una nueva apuesta titulada ‘Formapura’, obra de Serena Fortín. Este conjunto, comisionado por David Saborido, incluye, además de esculturas, joyas y originales lámparas escultóricas que utilizan principalmente madera como elemento constructivo y tecnología LED para la iluminación.

Fortín, de origen italiano pero afincada en Jerez de la Frontera desde 2006, ha desarrollado una completa carrera como escultora, diseñadora y restauradora de muebles antiguos. Comenzó su trayectoria en la Toscana para formarse en el Instituto de Arte de la Madera y del Restauro del Mueble Antiguo. Tras su formación, creó su propio taller y combina los trabajos de restauración, tanto para clientes privados como para entidades públicas y museos. En Jerez ha trabajado para entidades públicas como el Buque Escuela Juan Sebastián de Elcano y la Diputación de Cádiz.

Armonía y belleza

En palabras de la propia artista, su propuesta gira en torno a la necesidad constante de la búsqueda de armonía y belleza. Materiales y equilibrio natural se aúnan en su obra. “Inspirándome en la naturaleza, realizo esculturas de madera que esculpo, tallo y lijo con esmero y pasión, dando vida a una plasticidad abstracta con líneas evocativas y movimientos sinuosos. Todas piezas únicas y originales».

En cuanto al título de la muestra explica, «su nombre es formapura, porque es el concepto de la forma lo que me interesa considerar y enfatizar, no el contenido. El protagonismo es de las líneas definidas, de las luces y sombras que se crean y de los espléndidos matices que regala la madera. Fundamental también queda el tacto: cuando se acarician estas obras, la sensualidad que las invade impregna tus dedos”.

Según describe David Saborido, comisario de la muestra, «sus piezas de madera son tratadas como si fueran a echar a volar… volátil y desnuda, como sin piel, limpia, oxigena la mirada del que las observa. Figuras confusas, ascendentes, «abiertas» en su mayoría, parecen gobernar el espacio vacío inexistente que habita entre ella, su mirada y sus manos…» Y continúa, «sus joyas son detalles ínfimos, íntimos y cercanos, de extrema exaltación, un culto al cuerpo compuesto de delicadas formas repletas de distinción, elegancia suprema de su propia persona». 

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