Apenas cuatro días tuvo Sergio González para preparar el encuentro del Cádiz CF ante el Mirandés. Suficiente para tocar varias teclas y mejorar el rendimiento individual y colectivo del grupo en varias facetas, e insuficiente para paliar y subsanar unos problemas que los amarillos vienen arrastrando desde hace varios meses.
El balance es indudablemente positivo para el técnico catalán, que más allá de planteamientos tácticos fue capaz de alcanzar las claves emocionales de una plantilla que ha captado de inmediato el aire fresco que ha supuesto el aterrizaje del entrenador. Y, lo más importante, con una victoria que reivindica su llegada y sus decisiones con algunos futbolistas. Un gran punto de partida para su nueva etapa.
Decía Manuel Vizcaíno en la (re)presentación del míster que “Sergio es de esos entrenadores que son futbolistas”. La gestión de grupo siempre ha sido uno de los elementos por los que más destaca el catalán. Entender, arropar y ofrecer un contexto emocional favorable para que los futbolistas lo conviertan en un buen nivel futbolístico.
Más allá de eso, y reconociendo que los jugadores siempre regalan dos marchitas más cuando hay un cambio en el banquillo, Sergio también realizó varias modificaciones en el planteamiento que merecen su análisis y que invitan a seguir qué recorrido pueden tener en los próximos partidos. Vamos con lo mejor y lo peor de la victoria del Cádiz CF ante el CD Mirandés. Lo mejor, principalmente en el primer tiempo. Lo peor, en el segundo.
Las claves (negativas y positivas) de la victoria del Cádiz CF en Miranda de Ebro
El dibujo y la apuesta por varios futbolistas
Sergio González optó por un 1-4-2-3-1 en su debut. Muchos pensábamos que iba a ser fiel a su 1-4-4-2 que tan bien le funcionó en su primera etapa como técnico amarillo, pero el contexto es otro y las características de la plantilla también son otras. El entrenador apostó por un dibujo que permitiera tener cohesión y pocos espacios entre líneas con un trivote en el centro del campo.
Yussi Diarra, autor del segundo tanto, es la gran apuesta de Sergio González y le salió a las mil maravillas en el primer tiempo. El maliense estuvo cerca tanto de los pivotes como de Álvaro García Pascual, entendió la presión y se mostró alegre futbolísticamente hablando. Recuperarlo sería crucial para el Cádiz CF. Por otro lado, Sergio dejó claro que su portero titular es David Gil, que tuvo un partido muchas luces y con muchas sombras.
Un contexto favorable para Ortuño y Suso
Siguiendo con las consecuencias positivas del once elegido por Sergio González, el técnico buscó ofrecer un contexto amable y favorable para las características de Ortuño y Suso. Es cierto que brilló mucho más el primero, sintiéndose cómodo viniendo a recibir para iniciar los ataques posicionales, cayendo en el costado derecho para asociarse con Suso y disfrutando de una relativa libertad táctica que permitió, por ejemplo, la asistencia en el primer tanto. Además, estuvo en todas y trabajó de lo lindo. Ha sentido la confianza del técnico.
Por su parte, del segundo se sigue esperando mucho más, pero las primeras pinceladas que pudimos ver en Anduva invitan a pensar que Sergio González va a seguir apostando por crear ese ecosistema que Suso necesita para ser importante en ataque y, al mismo tiempo, y sin estar eximido de ellas, tener exigencias defensivas menores.
En todo esto es crucial el papel de Moussa Diakité, que a juzgar por lo visto en el estreno de Sergio González va a recuperar su rol de mucha mayor importancia en la contención y en la recuperación y, por ende, menor en los ataques posicionales del Cádiz. Un papel en el que el maliense brilla notablemente.
La reacción emocional y de compromiso del Cádiz CF
Es evidente que dentro de la victoria hay un componente emocional muy importante. Los jugadores siempre dan dos marchitas más cuando aterriza un nuevo cuerpo técnico, y Sergio González y los suyos tocaron ciertas teclas para favorecer que la energía y la atmósfera fuera mucho más agradable y positiva.
Las inercias se notan y hasta lo que sale mal puede llegar a salir bien, como ocurrió con la asistencia involuntaria de Iker Recio a Yussi Diarra o las paradas de un David Gil que, a pesar de tener errores importantes, también protagonizó intervenciones clave para mantener la portería a cero.
Cambios positivos
Un aspecto destacable es que la mayoría de los cambios sentaron bien al equipo. No solo por los nombres. En el tramo final, y con la entrada de Bojan Kovacevic, Sergio González apostó por la línea de cinco cuando al equipo ya lo estaban bombardeando constantemente con centros laterales.
Kovacevic volvió a tener minutos y el equipo ganó en el juego aéreo, Caicedo refrescó (aunque sufrió mucho con Al Jebari) a un cansado Iza Carcelén, Dawda Camara hizo lo propio con García Pascual y puso un balón de gol, Joaquín González a punto estuvo de aprovecharlo para hacer el tercero y De la Rosa ofreció muchísimo oxígeno por la banda y entendió perfectamente lo que necesitaban los suyos.
El equipo sigue siendo muy frágil en defensa
Vamos con lo negativo. Los problemas defensivos son un problema crónico en el Cádiz CF de esta temporada. Pudo evitar meterse muy atrás durante buena parte del primer tiempo cuando el marcador ya era muy favorable, pero acabó defendiendo dentro del área. Además, un error de Jorge Moreno casi cuesta un gol de Siren Daio que habría cambiado radicalmente el encuentro y los laterales sufrieron por las bandas ante la falta de ayudas en su costado.
Los centros laterales, un quebradero de cabeza
Esto sí que es un problema crónico. Ocurre desde hace varias temporadas y se mantiene en la actualidad. Es uno de los principales problemas que debe abordar Sergio González porque al equipo le rematan prácticamente todo. Menos mal que el nulo acierto del Mirandés y las buenas intervenciones de David Gil, que también dejó varias salidas en falso, evitaron que el tramo final de encuentro fuera de infarto.
Bojan Kovacevic sería una buena solución a este problema para ganar en seguridad aérea. Pero el equipo debe aprender a defenderse con balón y, sobre todo, más alejado de su propia área. Puede hacerlo, pero no durante tantos minutos.




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