El uso de las redes sociales por parte de los menores se ha consolidado como una de las grandes preocupaciones sociales de nuestro tiempo. En España, una amplia mayoría de niños en edad de Primaria ya utiliza estas plataformasy dispone de teléfono móvil propio desde edades muy tempranas. Esta realidad, integrada en el día a día, expone a los menores a riesgos relacionados con la pérdida de privacidad, el acoso y la difusión de datos personales.
La necesidad de actuar ha centrado buena parte del debate del I Congreso Nacional para la Convivencia en la Era Digital, celebrado en Córdoba bajo el lema ‘Andalucía frente al acoso’, que ha reunido a cerca de un millar de participantes. En este foro, expertos, educadores y responsables institucionales han coincidido en la urgencia de avanzar hacia un marco legal y educativo más sólido.
Desde Unicef, su responsable de Educación y Derechos Digitales de la Infancia, Ignacio Guadix, ha defendido la importancia de proteger a los menores sin expulsarlos del entorno digital. Los especialistas advierten de que una regulación excesivamente restrictiva puede generar riesgos añadidos, como ya se observa en países como Australia, donde se ha prohibido el acceso a redes sociales a menores de 16 años. En España, la edad mínima para registrarse es de 14 años, aunque el debate sobre elevarla sigue abierto.
Protección de menores en redes sociales
En el ámbito autonómico, la consejera de Desarrollo Educativo y Formación Profesional, María del Carmen Castillo, ha reafirmado el compromiso de la Junta de Andalucía para impulsar medidas clave contra el acoso y el ciberacoso. Entre ellas, el refuerzo de los protocolos, la intervención temprana de la inspección educativa y el estudio de cambios normativos que prioricen la protección de las víctimas, incluso con el cambio de centro del acosador en casos reiterados.
Las conclusiones del congreso coinciden en una idea esencial: la tecnología no es el problema en sí. Los centros educativos son entornos supervisados, pero los desafíos superan el ámbito escolar y requieren una respuesta conjunta de instituciones, familias y sociedad.
La reflexión es clara: proteger a los menores en la era digital no pasa solo por prohibir, sino por educar, prevenir y actuar con rapidez. La convivencia y el bienestar emocional de niños y adolescentes se han convertido en una responsabilidad compartida que ya no admite demora.


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