Ni Sergio González lo sabía

Como será la cosa para que Sergio González, técnico prudente donde los haya, soltara después de la derrota del Cádiz CF en Ceuta que “el momento es más preocupante del que había analizado antes de coger el equipo”. Una frase demoledora porque, básicamente, es cierta. El problema no estaba en el banquillo – más allá de la deriva innegable de Garitano y la necesidad de aire fresco – y Sergio no ha sido consciente de la realidad del equipo hasta que no la ha sufrido en sus propias carnes.

Y Sergio sabe que, en estos momentos, el equipo requiere más del mejor psicólogo deportivo de todos los tiempos que de entrenamientos, táctica, pizarras y mano dura en las sesiones. Necesita que los detalles caigan de su lado. Que el Dios de fútbol se apiade de los suyos. Que sus futbolistas dejen de cometer errores que no quieren cometer pero que les resulta imposible no cometer por el agobio al que ha llegado la plantilla. El técnico sabe que el bloqueo mental es gigante y que sus jugadores no son tan malos. No pueden serlo.

El efecto Sergio González ya no existe

Lo que no sabía Sergio es que en el camino se le iban a colocar piedras que no puede controlar. Las declaraciones de Juan Cala dolieron en el vestuario y la salida nocturna tampoco ayuda. Y uno escucha hablar al míster en rueda de prensa y, al menos en mí caso, parece no ser capaz de diferenciar su etapa con la de Gaizka porque la atmósfera es exactamente la misma. Expresa que “vamos a trabajar a tope”, pero su rostro grita “¿dónde me he metido?”. Por eso, en el cadismo se aferran a encontrar a cuatro equipos peores en términos clasificatorios y no en alcanzar la cifra de 50 puntos que, visto lo visto, es una utopía.

Además, ese factor psicológico que a priori llega positivamente a un equipo cuando aterriza un nuevo técnico se ha diluido. Ya no está. Duró en Anduva y se volvió a ir. Esa bala ya está gastada y estamos exactamente igual, pero con otro técnico en el banquillo. El problema es de fondo y es estructural.

Otro asunto es como se ha encontrado Sergio el ambiente. Muy distinto al que seguramente recordaba. Y eso que se fue en un ambiente muy crispado y ha sido espectador habitual en el Nuevo Mirandilla a pesar de su cese. Pero desde dentro es otra cosa y los jugadores no son ajenos al descontento de un club que mira a Nueva York, a Sportech y a todas esas fábulas con la excusa de lograr una solvencia y una independencia económica que repercuta en el fútbol. De momento, nada de eso. En fin, que más nos vale a los que nos duele esto que la pelotita entre y que no se acabe liando la cosa.

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