Arzamendia-sera-jugador-cadista

Las estrellas brillan, alumbran el paisaje y guían a los más intrépidos aventureros hasta que se apagan. Si miramos al cielo, allí están, pero sabemos que, con nosotros o no en este mundo, desaparecerán. Si miramos a nuestro alrededor, también, pues de estrellas no entiende únicamente el universo. Santiago Arzamendia se miró a sí mismo y descubrió que su brillo dependía únicamente de él mismo.

Esta mirada astronómica no viene mal a la hora de echar la vista atrás para conocer un poco más en profundidad al flamante fichaje del Cádiz CF, una auténtica estrella al otro lado del charco. O, mejor dicho, en una parte, en Paraguay, pues Santiago Arzamendia, protagonista de este escrito, no se atrevió a brillar más allá por miedo a adelantar su fecha de caducidad.

Nacido en la provincia argentina de Misiones, decidió cambiar la tierra del Diego y del tango por el pequeñito Paraguay a la corta edad de veinte años. Por aquel entonces, Arzamendia ya corría la banda del General Pablo Rojas, el estadio de Cerro Porteño. Afincado en el Barrio Obrero de Asunción, el club paraguayo había criado, futbolísticamente hablando, al argentino desde sus trece años.

Arzamendia se sentía uno más en aquella tierra limítrofe con su Argentina natal. Normal, por otro lado. La sangre que corría por sus venas era paraguaya. De padre paraguayo, el nuevo lateral de Álvaro Cervera vivió cerca de la primera mitad de su vida en el país de su madre, Argentina, pero él siempre ha asegurado sentirse paraguayo. Quizá por ello el cambio de aires hacia la ciudad de Asunción le ayudó a llegar a lo más alto: la Primera División Paraguaya y, de ahí, a representar a la ‘Albirroja’.

El ‘Pibe’ y Leo no fueron suficiente para Arzamendia

A lo largo de su etapa de formación, Arzamendia pasó por las divisiones inferiores de la selección paraguaya, dispuesto a alcanzar la absoluta para alumbrar con su luz propia a todo un país. Ni siquiera los cantos de sirena desde el país vecino le sedujeron, ni siquiera la oportunidad de compartir vestuario con uno de los mejores futbolistas de la historia.

Ya con la camiseta azulgrana del laureadísimo Cerro Porteño, los buenos números del joven Arzamendia no pasaban desapercibidos en Paraguay, ni tampoco en Argentina. “No tenía buena señal, vi una llamada perdida y luego recibí el audio del profe Scaloni -el seleccionador de la ‘Albiceleste’ en 2018-. Decía que me seguían muy de cerca y me querían convocar para la Selección Argentina”, aseveró el propio jugador en Milenium Sports.

Arzamendia contaba con doble nacionalidad paraguayo – argentina, por lo que su traspaso desde la tierra que confió en él y que le había dado su primera oportunidad en el mundo del balompié a la tierra que le vio dar sus primeras patadas en los alberos era posible. Jugar en la dos veces campeona del mundo y junto a Lionel Messi era y es el sueño de todo niño argentino, pero no el de Santiago.

“Me sentí raro. Cuando vivía en Argentina siempre soñaba con jugar para Argentina, pero al venir a Paraguay y empezar mi carrera acá, mucha gente se portó bien conmigo…”, relataba Arzamendia, que demostró, además de agradecimiento a una patria y a una identidad, profesionalidad a raudales para tan corta edad.

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Labrar un futuro

“Como Scaloni solo está de forma interina, tuve miedo de entrar en su lista y después no volver. Por eso fui por el lado de Paraguay, donde voy a tener un buen futuro con la selección”, sentenció el lateral paraguayo. Como mucha gente a lo largo de su vida, Arzamendia temió a la muerte, a la futbolística. La presión por no poder cumplir lo que otros esperan de uno mismo, el riesgo de que se baje el suflé, de que pinche la burbuja, el miedo a desaparecer.

Una prueba más de la juventud mundial que, lastrada por la precariedad y la falta de oportunidades, quiere prosperar en la vida y demostrar que todo el tiempo (y dinero) invertido en formación ha servido para algo. Una juventud que, con más trampas que manos en el camino hacia la subsistencia, no quiere desaparecer.

Por ahora, la decisión no parece haberle salido rana a Arzamendia. Titular con Paraguay en esta última Copa América, el lateral ‘albirrojo’ ha logrado llegar a cuartos de final y darse a conocer más allá de Asunción. Ya se ha enfrentado al que podría haber sido su compañero, Lionel Messi, y lo seguirá haciendo en la Tacita de Plata. Esta vez Arzamendia vestido de amarillo y el argentino, de azulgrana. Lejos de Paraguay, las estrellas también brillan.

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