Foto: CCF
“Hemos salvado un punto, pero la calidad de mi juego debería ser un poco mejor, así que en el próximo partido mejoraré”. Y tan tranquilo se quedaba el bueno de Iuri Tabatadze en declaraciones para los medios oficiales del Cádiz. Unas palabras que serían ajustadas a la realidad si el georgiano no hubiera anotado dos auténticos golazos en apenas media hora de encuentro. Una vez más, Garitano tiró de sus servicios para el tramo final del partido y, una vez más, el atacante devolvió la confianza con goles. En San Sebastián fueron dos, y vaya dos.
Lo de Tabatadze comienza a ser de estudio. No solo por el espectacular rendimiento que está ofreciendo, sino por el carisma que está derrochando. Un georgiano hecho para triunfar en el Cádiz CF. Con personalidad y con identidad. La historia de un jugador que hace un par de semanas ni sabría donde estaba la Tacita de Plata y ahora es un gaditano más que se funde en un abrazo con la parroquia amarilla desplazada a Anoeta. Una fusión con rabia.
El georgiano tiene un encanto y un magnetismo especial. Los mete con la izquierda y con la derecha. Y está apretando de lo lindo a todo el frente ofensivo del Cádiz. Los Suso, Ontiveros, Ocampo y compañía ya saben que Tabatadze no se anda con tonterías, y Tabatadze sabe que su forma de mostrarse encandila. Larga vida.



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