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Cuando un equipo como el Cádiz construye su historia a base de hazañas sustentadas en el sufrimiento y respaldadas, todas ellas, por el apoyo incondicional de una afición, es por algo. El Cádiz volvió a ocupar un lugar en inmenso mundo fútbol con una salvación que queda escrita como mejor epílogo para el libro de aventuras escrito por Sergio González: Creer, trabajar y amor propio. La mirada del Tigre, la de Rocky, y la de Sergio González que creyó desde el inicio y contagió a todos y cada uno de los jugadores que hicieron posible el milagro.

Desde que llegara el técnico catalán, renovado automáticamente con la permanencia, el equipo mutó. Pasó de un conjunto de jugadores incrédulos, inofensivos y sin alma a un equipo con mayúsculas; ayudado por los fichajes invernales, el Cádiz ha hecho una segunda vuelta para estar de media tabla hacia arriba. La lástima fue la mala planificación deportiva en verano y el final del método Cervera que apuntaban que esto tenía que terminar, cómo no, con el descenso de categoría a pesar de los intentos y del buen trabajo del nuevo técnico. Pero, como él mismo pidió tras el partido ante el Real Madrid, tras solicitar que la Diosa Fortuna estuviese de su lado un poquito, que apareciera, así fue. El penalti de Jorge Molina fallado mandó al Cádiz, tras el gol de Choco, una temporada más al olimpo del fútbol español.

El fútbol le dio lo que merecía

Si hay un artífice es Sergio González, autor material del libro y de una historia que le deja renovado a él, al igual que San Emeterio y Rubén Alcaraz. Él y la mirada del Tigre a la que tanto alude y que le ha dado, con lágrimas, una merecida salvación, una merecida permanencia en Primera, gracias también, a una simbólica mano de su Espanyol en Granada. Quién se lo iba a decir.

Sergio es parte y culpa, juez y artífice de hacer creer hasta el final. Sus lágrimas son las nuestras, su credo es el de todo cadista y su forma de ver la vida y el fútbol es la que todo cadista seguirá a partir de ahora (la mayoría viene haciéndolo desde que llegó). Porque su papel no fue fácil, porque su llegada fue convulsa y porque siempre supo, junto a su equipo, estar a la altura de la situación.

Ahora tiene una temporada en Primera con el Cádiz para hacer, deshacer y construir un proyecto que debe ser el de una consolidación aún mayor de un equipo que afrontará su tercera temporada consecutiva en Primera. Y que debe hacerlo con la misma mirada del Tigre que ha servido para lograr 21 puntos y una salvación histórica.

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